ser bueno no es ser tonto


Vivimos en una sociedad donde, demasiadas veces, la bondad se confunde con debilidad. Cuántas veces hemos escuchado esa frase tan repetida como injusta: “de bueno eres tonto”. Una frase que intenta ridiculizar a quien actúa con corazón, a quien ayuda sin esperar nada a cambio, a quien no responde con maldad cuando recibe daño.
Pero no, no está bien dicho.
Ser bueno no es ser tonto. Y ser tonto no tiene nada que ver con tener valores, empatía o humanidad. Lo que ocurre es que, en un mundo donde muchos actúan desde el egoísmo, la prisa o el interés, la bondad destaca… y a veces incomoda.
Ser bueno implica elegir, una y otra vez, el respeto frente al desprecio, la calma frente al conflicto, la generosidad frente al ego. No es una falta de inteligencia, es una decisión consciente. Es tener la capacidad de sentir, de ponerse en el lugar del otro, de no devolver el daño aunque tengas motivos para hacerlo.
¿Que a veces te fallarán? Sí.
¿Que a veces se aprovecharán? También.
¿Que en ocasiones dolerá? Sin duda.
Pero eso no te hace tonto. Te hace humano.
Lo fácil es endurecerse, cerrarse, volverse frío y desconfiado. Lo difícil es seguir siendo buena persona cuando la vida te da razones para dejar de serlo. Ahí es donde está el verdadero valor. Ahí es donde se demuestra la fortaleza de alguien.
Ser bueno no significa permitirlo todo ni dejar que te pisoteen. También implica aprender a poner límites, a decir “hasta aquí”, a alejarte de quien no suma. La bondad no está reñida con el amor propio. De hecho, van de la mano.
Porque sí, puedes ser bueno… y fuerte.
Puedes ser bueno… y tener carácter.
Puedes ser bueno… y no dejar que nadie juegue contigo.
Y aun así, seguir eligiendo no hacer daño.
Al final, lo que das, habla más de ti que de los demás. Y aunque el mundo a veces parezca premiar otras actitudes, la paz de saber que actúas desde el corazón no tiene precio.
Así que no, no dejes de ser bueno por miedo a que te llamen tonto.
Sigue siendo tú.
Sigue teniendo valores.
Sigue cuidando, ayudando, sintiendo.
Porque en un mundo donde muchos han dejado de hacerlo… ser bueno es casi un acto de valentía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando sientes que no importas

La historia del lapiz

El mensaje que me devolvió el pulso: cuando Audrey volvió sin saber que estuve a punto de morir